Amayamori se untó aceite y se dio placer hasta correrse
Un ruido de botella al abrirse rompió el silencio de la habitación, era Amayamori sacando el aceite caliente que llevaba días imaginando usar. Se había pasado semanas mirando a su hijastro con esa tensión en el pecho, esos ojos que la recorrían en la mesa, esos suspiros ahogados cuando pasaba rozando su cadera. Ahora, sola, podía soltar todo eso. Se desnudó despacio, dejando que el aceite resbalara por sus curvas, los dedos trazando círculos lentos sobre los pezones ya duros, las caderas moviéndose al ritmo de su propia mano. La evidencia de lo excitada que estaba brillaba entre sus muslos, el aceite mezclándose con sus fluidos mientras se penetraba con un dedo, luego dos, hasta que los gemidos se le escapaban sin control. Se mordió el labio al sentir el vibrador encendiéndose, la vibración profunda haciéndola arquearse. Lo presionó contra su clítoris, las piernas temblando, los dedos de la otra mano masajeando sus tetas con fuerza. El orgasmo llegó como un relámpago, las paredes de su coño apretando el juguete mientras se corría, los muslos temblando, la voz quebrada gritando: "¡Dios, sí, así!"