Anal con la diosa Mari y su culo perfecto
Te la follas con el dildo bien duro mientras ella gime bajito, apretando las nalgas para que no se escape ni una gota de tu leche. La diosa Mari te mira con esos ojos de puta insaciable, mordiéndose el labio para ahogar los gemidos que podrían alertar a su marido, que está en la otra habitación. Sientes cómo su culo se abre y se cierra alrededor del juguete, mojado y caliente, mientras te agarra de la nuca para que la empotres más fuerte. El riesgo de ser pillados te pone más duro, y ella lo sabe, por eso te susurra al oído que no pares, que la llenes entera de golpe. En más de 24 minutos, la haces correrse tres veces, con el culo temblando y los muslos manchados de su propia excitación. Cuando terminas, su ropa interior queda tirada en el suelo, empapada y olvidada en el calor del momento.