El jefe la obliga a chupar su polla en la oficina
El sonido de la puerta cerrándose con llave me pone la piel de gallina, sé que esta vez no habrá escapatoria. Su voz ronca me ordena arrodillarme frente a su escritorio, donde su verga ya está dura, palpitando como una amenaza. Respiro su perfume caro mezclado con el sudor de su piel, y aunque me humedezco entre las piernas, me muerdo el labio para no gemir. 'Hoy me vas a chupar hasta que te diga basta', gruñe, agarrándome del pelo mientras me acerca la cara a su polla gorda. Mis labios se abren alrededor de su glande hinchado, sintiendo cómo mi saliva mezcla con su pre-cum, y cada vez que la saco para tomar aire, él empuja mi cabeza hacia adelante, ahogándome con su longitud. El sonido de mis arcadas lo excita más, gruñe 'Así, puta, trágasela entera' mientras me mira con esos ojos fríos que me hacen sentir sucia pero desesperada. Cada vez que me levanto para respirar, me golpea la cara con su polla mojada, marcando mi mejilla con su humedad, y cuando finalmente me deja correrme, lo hago con su semen aún goteando de mi barbilla, manchando mi blusa de seda blanca. Al salir, dejo la media rota en el suelo, prueba de la violencia que me encanta.