Eliza Thorne y su mejor amiga se atreven a follar en secreto
Lex me susurró al oído: '¿Y si alguien nos escucha?' mientras me bajaba los pantalones en el sofá de su casa. Mi coño ya estaba mojado antes de que su polla rozara mis labios, pero el riesgo de que su hermano entrara en cualquier momento me ponía más caliente. Me arrodillé y empecé a chupársela con cuidado, mordiendo el labio para ahogar mis gemidos mientras ella me miraba con los ojos brillantes. Lex me empujó contra el sofá y me penetró de una estocada, llenándome hasta que sentí su verga rozar mi cuello del útero. Cada embestida me hacía apretar los muslos, pero no podía parar de gemir, aunque sabía que los vecinos podrían oírnos. Lex me dio la vuelta y me empotró contra el respaldo, sus manos apretando mis caderas mientras me follaba sin piedad. Sentía su polla dura como una roca, entrando y saliendo de mi coño apretado mientras yo me agarraba a los cojines para no gritar. En un momento, escuché un ruido en el pasillo y Lex se detuvo, pero solo fue el gato pasando. Eso me excitó más y le pedí que me corriera dentro, que me llenara entera. Lex gruñó, 'Te voy a dejar bien mojada, puta', mientras me embestía más fuerte hasta que sentí su leche caliente inundándome por dentro. Nos quedamos quietos un momento, jadeando, pero luego escuchamos pasos en la puerta. '¡Rápido, vístete!', me dijo Lex mientras se subía los pantalones, y yo me reí entre dientes, sabiendo que podríamos repetirlo otra vez.