Japonesa de bragas mojadas se traga mi leche en planito
Acariciando sus pequeños pechos mientras Namiko me chupaba la verga con esos labios carnosos, sentí que estábamos rompiendo todas las reglas. Debía haberme detenido cuando sus ojos se cerraron y sus gemidos se volvieron más intensos, pero no pude evitar empujarle la cabeza hasta que mi polla le rozó la garganta. Sus saliva mezclada con mis fluidos le caía por el mentón, y cada vez que la escuchaba atragantarse, mi excitación subía más. Sabía que esto estaba mal, que no debíamos grabarlo así, pero en ese momento solo importaba sentir cómo su lengua jugueteaba con mi glande. En más de 11 minutos, le llené la boca hasta tres veces, y la última vez sus mejillas se hincharon tanto que pensé que vomitaría. Cuando finalmente me corrí, el semen le escurrió por la barbilla y cayó en charcos sobre sus tetitas perfectas. Lo peor fue que, después, ella solo sonrió y se lamió los labios como si nada hubiera pasado. Quedó el olor a sexo en el aire, y mi ropa interior estaba tirada en el suelo, con una mancha húmeda que nadie iba a limpiar.