La profesora Kiffafeet lo domina y humilla a su alumno
Kiffafeet estaba lista con sus tacones afilados y su sonrisa de manda más, sabiendo que el pequeño alumno no aguantaría su presencia. Lo hizo arrodillarse frente a ella, temblando de miedo y excitación, mientras le ordenaba lamerle los dedos y besar sus suelas impolutas. Yo gemía bajito cada vez que su lengua rozaba mis tacones, imaginando que alguien podía entrar y descubrirnos en plena clase prohibida. Con sus manos atadas a la espalda, el pobre no podía hacer nada más que obedecer, y eso me ponía más cachonda. Le obligué a chupar mis talones como un perrito sumiso, oliendo su respiración agitada mientras mis tacones se hundían en su boca. En más de 10 minutos, lo hice lamer cada centímetro de mis pies, humillándolo hasta que su polla goteaba sin que pudiera correrse. Cada vez que se acercaba a la puerta, mi corazón latía más rápido, pero eso solo aumentaba mi excitación. Cuando ya no pudo más, le permití que se la agarrara, pero solo bajo mis condiciones: 'Si quieres correrte, tendrás que besarme los pies como el perrito que eres', le susurré con voz de domina. Y lo hizo, hasta que explotó sin tocarme, dejándome más caliente que nunca. Pero esta vez, yo mandaba, y eso era lo que más me gustaba. '¿Ves lo fácil que es obedecer?', le dije mientras le limpiaba el semen de sus zapatos. 'Ahora vete, y recuerda quién lleva los tacones aquí.'