Parker Sims domina a su madrastra infiel en un polvo tabú
Yo ya sabía que mi madrastra Kayla Paige era una puta caliente, pero nunca imaginé que me rogaría así por mi polla. Todo empezó cuando la pillé mirándome el culo en la cocina, con esos labios rojos y las tetas apretadas contra el escote. No me resistí y le ordené que se arrodillara, que me chupara hasta dejarme duro como una roca. Ella obedeció sin protestar, gimiendo mientras me tragaba entero, con las manos atadas a la espalda. Después la tiré sobre la mesa, le arranqué el tanga y le metí los dedos en ese coño mojado, hasta que empezó a suplicarme que la follara. La puse a cuatro patas y le di duro por detrás, agarrándole las caderas para clavársela hasta las pelotas, escuchando cómo gritaba cada vez que mi verga le rozaba el punto G. Le dije que era una puta por engañar a mi padre, y eso la encendió más, moviendo el culo para pedirme más fuerte. Cuando ya no aguanté, la hice girar y me corrí en su cara, marcándola como mía. Se quedó temblando, con la boca abierta y los ojos vidriosos, sabiendo que nunca volvería a ser la misma.