Angie Ortiz se empala con un vibrador navideño entre mujeres
Las tetas de Angie rebotaban como gelatina madura mientras la morena curvilínea le clavaba el consolador envuelto en luces navideñas contra el coño chorreante. La colombiana, con los labios carnosos bien abiertos, gemía como una perra en celo al sentir cómo el juguete le abría las carnes desde dentro, sus muslos temblorosos apretando el culo redondo de la otra que la tenía empotrada contra el sofá. Los dedos ágiles de la morena se enredaron en los pezones duros de Angie, pellizcándolos con saña mientras le lamía el cuello sudoroso, dejando un reguero de saliva caliente que le bajaba hasta el ombligo hundido. Angie, con las piernas en alto formando un ángulo perfecto, no pudo evitar gritar cuando la verga de silicona le rozó el punto G una y otra vez, haciendo que su coño se contrajera como un puño enloquecido. La morena, sudando a mares y con el culo temblando de tanto moverse, le susurró al oído obscenidades en español mientras le apretaba las nalgas gordas, separándolas para que el consolador entrara más profundo y le dejara el coño hecho un desastre mojado. Angie, con la cara roja y los ojos vidriosos por el placer, no tardó en correrse con un espasmo brutal que le sacudió todo el cuerpo, empapando el tapizado del sofá con sus jugos mientras gritaba como si la estuvieran matando. La morena, lejos de parar, siguió embistiéndola con fuerza, usando el juguetito para abrirle bien las piernas y dejarle la vagina al aire, brillante y palpitante, antes de lamerle los labios hinchados con una lengua experta que la hizo gemir otra vez. Entre jadeos y empujones, las dos terminaron enredadas en el suelo, con las tetas de Angie aplastadas contra el pecho de la morena y los dedos de ambas enterrados en el culo o el coño de la otra, buscando más placer en cada pliegue húmedo. El olor a sexo crudo y a piel sudada llenaba el ambiente mientras las dos seguían follando sin piedad, sus cuerpos chocando con un sonido húmedo cada vez que la verga de silicona entraba hasta el fondo. Angie, exhausta pero adicta a ese calor entre piernas, no pudo evitar pedir más mientras la morena le lamía los pezones antes de darle otra embestida profunda que la dejó sin aliento y con el coño más mojado que nunca.