Caroline se vuelve loca al recibirme duro por detrás
La morena de curvas apretadas no pudo resistirse cuando la levanté contra la pared y le arranqué el vestido de un tirón, dejando al descubierto sus tetas pequeñas y su coño empapado que ya goteaba por las piernas. Con un gruñido bestial, le metí la polla hasta el fondo sin piedad mientras ella clavaba las uñas en mis hombros y empezaba a chillar como una perra en celo. '¡Más, cabrón! ¡Empátame ese culo!', jadeó con la voz quebrada mientras yo la embestía con fuerza, sintiendo cómo su coño se contraía cada vez que le llegaba hasta el fondo del útero. Le agarré las caderas con tanta fuerza que le dejé marcas moradas mientras la doblaba en posición de perrito, penetrándola tan profundo que sus tetas rebotaban con cada embestida brutal. '¡Me vas a reventar, hijo de puta!', gritó con los ojos vidriosos de placer, mordiendo el cojín del sofá para no ahogar sus gemidos. No contento, la levanté de nuevo, esta vez para follármela de pie contra el espejo, donde su reflejo mostraba cómo su culo redondo se abría con cada empujón y su coño chorreante no dejaba de gotear sobre mis pelotas. Le metí los dedos en la boca para que se los chupara mientras le escupía en el culo, preparándolo para recibir mi verga más gruesa que nunca. '¡Ahora me tocas tú, zorra!', le ordené mientras la ponía a cuatro patas y le metía la polla hasta la garganta, obligándola a tragar hasta que las lágrimas le resbalaban por las mejillas. Cuando por fin me corrí, le llené la garganta de leche espesa y caliente mientras ella se tragaba cada gota sin perder ni una sola, con los labios aún temblorosos de tanto chupar. 'Joder, qué buena estás...', susurré mientras le mordisqueaba el cuello, dejando que mi semen resbalara por su espalda antes de que ambos nos dejáramos caer sobre la cama, exhaustos y sudorosos, con las sábanas ya empapadas en nuestros jugos mezclados.