Chidinma masturba su coño con un juguete diminuto prohibido
Chidinma me sentía culpable desde el primer momento en que saqué ese juguete diminuto del cajón porque sabía que tocarme así estaba mal pero la necesidad era más fuerte. Mi coño ya estaba caliente y sensible cuando empecé a frotar la punta contra los labios hinchados sintiendo cómo se abrían poco a poco. Gemí bajito al principio mientras lo empujaba despacio adentro notando cada centímetro que entraba y cómo mi interior se apretaba alrededor del plástico suave. El placer crecía rápido y me olvidé de todo cuando aceleré el ritmo moviendo la muñeca en círculos para rozar el punto que me hacía temblar las piernas. Mis muslos se abrieron más y empecé a levantar las caderas para recibir cada empuje deseando que nadie me descubriera en ese instante tan íntimo. El calor se extendía por todo el vientre y sudaba mientras el juguete resbalaba por lo mojado que estaba mi coño repitiendo el movimiento una y otra vez. Sentí el orgasmo acercarse como una ola imposible de detener y apreté los dientes para no gritar cuando las contracciones empezaron a sacudirme por dentro. El alivio llegó fuerte y largo dejando mi cuerpo suave y tembloroso sobre las sábanas mientras susurraba para mí misma qué bien se siente aunque esté mal.