Criada latina es empalada por sorpresa en la cocina
La morena de tetas pequeñas y culito prieto estaba agachada limpiando el suelo cuando él entró sin hacer ruido, con la polla dura colgando bajo el delantal. Ella solo alcanzó a soltar un gritito ahogado antes de que las manos del tipo le agarraran las caderas y la levantaran como si no pesara nada. La polla gruesa se deslizó entre sus nalgas mojadas, resbalando en el coño que ya goteaba por la excitación inesperada. Él la empujó contra la encimera de mármol, hundiendo la verga hasta el fondo sin aviso, arrancándole un gemido ronco que resonó en toda la casa. La chica, con las piernas temblorosas y los pechos aplastados contra el granito, no tuvo tiempo de reaccionar cuando él empezó a embestirla como un animal, cada golpe de cadera haciendo que su culo vibre con fuerza. El sonido húmedo de carne contra carne llenaba la cocina mientras ella intentaba agarrarse al borde de la mesa, pero las embestidas eran demasiado brutales para resistirse. El tipo le tiró del pelo hacia atrás, obligándola a arquear la espalda y dejar al descubierto su cuello para morderlo con ferocidad mientras le metía la polla más hondo cada vez. La criada, convertida en una puta desesperada, no pudo evitar que los jugos le resbalaran por los muslos cuando él le ordenó que se corriera o la iba a dejar sin aliento. Entre jadeos y maldiciones, ella sintió cómo la polla palpitaba dentro de su coño estrecho, anunciando el primer chorro caliente que le llenó la boca hasta derramarse por las comisuras. El líquido espeso le resbaló por la barbilla mientras él seguia empalándola sin piedad, hasta que un segundo chorro le salpicó la cara y los pechos, dejándola cubierta de leche espesa como una perra en celo. Los gemidos de ambos se mezclaron con el chapoteo de los fluidos que caían al suelo, hasta que él, exhausto, le dio una última embestida profunda y se dejó caer sobre su espalda, jadeando como un animal satisfecho. La chica quedó ahí, con el coño goteando, la cara empapada de semen y el culo enrojecido por los golpes, sin fuerzas para moverse mientras él se guardaba la polla aún medio dura y salía de la cocina como si nada hubiera pasado.