Dos putas lesbianas se devoran el coño como locas
Llevaban semanas coqueteando con miraditas y roces en el vestuario del gimnasio, pero hoy por fin se atrevieron a soltarse sin que nadie las viera. Ryder con su cuerpo de diosa de curvas firmes y Joselyn con esos labios rojos que no dejaban de morderse mientras se acercaban en la cama, sus tetas rebotando al unísono. No aguantaron ni un segundo más: Ryder le arrancó el top con los dientes y le chupó los pezones duros como piedras, mientras Joselyn le metía los dedos entre las piernas hasta sentirla empapada y gimiendo como una perra en celo. La primera lamida fue lenta y húmeda, recorriendo todo el surco de su vulva hasta llegar al clítoris hinchado que no paraba de temblar, y entonces Ryder se lanzó como una posesiva, chupando y mordisqueando hasta que Joselyn le agarró la cabeza y le clavó el coño contra su boca, ahogándose en su propio placer. Entre jadeos y maldiciones, se enredaron en un 69 salvaje, sus lenguas enredadas en la entrepierna de la otra, sus manos apretando nalgas y muslos llenos de sudor mientras las sábanas se empapaban con sus jugos. Ryder le levantó una pierna y le empotró la lengua bien hondo, sintiendo cómo el coño de Joselyn se contraía alrededor de su boca, sus gemidos agudos llenando la habitación y haciendo que el vecino de al lado golpeara la pared pidiendo silencio. Joselyn no se quedó atrás: le dio la vuelta y la puso a cuatro patas, lamiéndole el culo antes de clavarle los dedos bien adentro mientras Ryder le mordía el cuello y le susurraba obscenidades al oído, hasta que ambas corrieron en un orgasmo simultáneo que las dejó temblando, con sus cuerpos pegajosos y sus respiraciones entrecortadas. Se quedaron así, abrazadas y sudorosas, con las piernas entrelazadas y los coños aún palpitantes, jurando que la próxima vez serían ellas quienes robaran el show en el gimnasio.