Eva se masturba con lencería y redes en su cuarto
Desde que entró por la puerta Eva no se quitó ni los tacones ni esa sonrisa pícara que le cruzaba la cara al ver su reflejo en el espejo del baño. Se dejó caer sobre la cama con las medias de red aún puestas y el sujetador de encaje azul que apenas le tapaba los pezones duros como piedras. Con un suspiro largo se abrió las piernas y se pasó la mano entre los muslos, sintiendo lo empapada que estaba su tanga de encaje negro. Los dedos se le resbalaban al frotarse el clítoris hinchado mientras se mordía el labio inferior, imaginando que eran los de algún desconocido aquellos que le recorrían el coño palpitante. Un gemido ahogado se le escapó cuando se metió dos dedos bien dentro, curvándolos para rozarle ese punto que la volvía loca mientras con la otra mano se apretaba un pecho, pellizcándose el pezón hasta que le dolió. Las redes de la lencería le arañaban los muslos cada vez que se movía contra su propia mano, y el sonido húmedo de sus dedos entrando y saliendo entre sus pliegues mojados resonaba en el silencio del cuarto. No tardó en correrse con un grito ahogado, mordiendo la almohada para no despertar a la casa entera, y al correrse su coño chorreó tanto que le empapó completamente el tanga antes de que pudiera quitarse las medias. Se quedó allí, jadeando, con los muslos temblorosos y el cuerpo aún vibrando por el orgasmo, mientras se preguntaba cuánto tardaría en que alguien más se atreviera a tocarla como ella misma acababa de hacerle a su propio coño.