Joey Michaels era una provocación andando con ese culo de seda y Marcus no aguantó más
Joey Michaels llevaba semanas torturando a Marcus con su cuerpo de infarto, contorneándose en shorts ajustados que marcaban cada curva de su culo terso, rozando su polla gruesa cada vez que pasaban cerca en el gimnasio. Esa tarde, cuando Joey llegó con una camiseta ceñida que dejaba ver sus pezones rosados y un piercing en el ombligo, Marcus ya no pudo contenerse. Lo arrastró al cuarto de baños, le bajó los pantalones de un tirón y se enterró entre sus nalgas, lame con la lengua hasta dejarlo temblando. Joey gimió cuando los dedos de Marcus le abrieron paso, sintiendo cómo cada empujón le hacía arquear la espalda, su coño empapado tragando cada centímetro de esa verga dura. Marcus lo sujetó de las caderas, embistiéndolo de golpe, haciendo que sus bolas chocaran contra su piel sudada. Joey no dejaba de retorcerse, pidiendo más, hasta que Marcus, con un gruñido animal, se vació entero dentro de él, llenándolo hasta que el líquido caliente le escurrió entre las piernas. La próxima vez, Joey quiere que lo amarren y que Marcus lo folle hasta que no pueda caminar.