Karen casteriny y Nicoly Mattos me dejaron sin aliento con su menage
El cuarto olía a perfume caro y sudor fresco cuando ellas entraron, sus cuerpos brillando bajo la luz tenue mientras se miraban con esa complicidad que solo dos putas saben tener. Yo ya estaba mojada antes de que Karen me empujara contra la pared y metiera su lengua hasta mi garganta, sus dedos hundiéndose en mi coño como si quisieran arrancarme un gemido. Nicoly no se quedó atrás, sus manos recorriendo mi cuerpo con una urgencia que me hizo temblar, hasta que sentí su polla dura presionando contra mi culo. Fue entonces que descubrí que Nicoly tenía un secreto: su verga era más grande de lo que imaginaba, gruesa y palpitante, y cuando la empujó dentro de mí de una sola estocada, el dolor y el placer se mezclaron hasta hacerme gritar. Karen se arrodilló frente a mí, chupando mis tetas mientras Nicoly me embestía sin piedad, sus caderas chocando contra mi culo con un ritmo que me dejó sin aire. Cada empujón me acercaba más al borde, hasta que sentí cómo mi coño se apretaba alrededor de esa polla monstruosa, y entonces me corrí tan fuerte que mis piernas cedieron. Karen no se quedó atrás, lamiendo mi flujo mientras Nicoly se vaciaba dentro de mí, su leche caliente llenándome hasta que no quedó espacio. Fue más de 12 minutos de puro vicio, y ahora sé que la próxima vez traerán a Lukas Zaad para que me parta en dos entre las dos. No sé si sobreviviré.