La jefa le da pollón a la esposa por salvar su trabajo
Llevaba semanas notando cómo el jefe la miraba de arriba abajo cada vez que pasaba por su oficina, mordiéndose el labio mientras se ajustaba el vestido ajustado que le marcaba el culo prieto. Hoy no pudo resistirse: cerró la puerta con llave, le agarró la melena suelta y le susurró al oído que si no le dejaba clavarle la polla bien honda hasta dejarla toda llena de leche, su marido se quedaría en la calle sin trabajo. Ella, con el coño ya chorreando de solo pensar en la polla gruesa que le prometía empalmarla sin piedad, se dejó caer de rodillas en la alfombra mullida del despacho, abrió la cremallera de su pantalón de traje caro y sacó la verga palpitante, tan caliente y dura que parecía a punto de reventar. El jefe, con una sonrisa de depredador, le agarró la cabeza por detrás y se la metió hasta la garganta, ahogándola con sus embestidas brutales mientras le tiraba del pelo con fuerza, haciendo que le lloraran los ojos. Ella gimió con la boca llena, sintiendo cómo la polla le resbalaba por la lengua y le llenaba la garganta hasta ahogarla, pero no se quejó, porque sabía que si se portaba bien, su marido conservaría el empleo. Entonces él la levantó bruscamente del suelo, le arrancó las bragas de encaje que ya estaban empapadas y la empotró contra la pared de cristal del despacho, con las tetas apretadas contra el frío cristal mientras él le metía los dedos hasta el fondo del coño, comprobando lo mojada que estaba por la excitación. La jefa no pudo aguantar más: le rodeó el cuello con los brazos, le clavó las uñas en la espalda y le ordenó con voz ronca que le diera toda la polla hasta hacerla correrse sobre el escritorio, que ya estaba lleno de sus jugos. Él, sin perder ni un segundo, le levantó una pierna y se la clavó hasta el fondo, con las pelotas golpeándole el culo cada vez que embestía, mientras ella gritaba de placer, sintiendo cómo la polla le abría el coño de par en par y le dejaba el vientre temblando. Cuando por fin le sintió correrse dentro, con chorros calientes llenándole el útero y haciéndola gemir como una perra en celo, supo que su marido tendría trabajo al día siguiente... aunque a ella le costaría mirarlo a la cara después de dejarse empalar así por el jefe.