La millonaria árabe manda al musculoso a follarla en su mansión de Dubai
El sol quemaba en las terrazas de Dubai cuando yo, con mi tanga de seda pegado al coño mojado, decidí que era hora de llamar al gigoló más duro de la ciudad. Lo vi llegar con esa polla enorme que apenas cabía en su pantalón ajustado, y desde el primer momento supe que iba a ser mío. Le ordené que se arrodillara frente a mí mientras yo me sentaba en su cara, ahogándolo con mi culo perfecto mientras él lamía cada gota de mi jugo. Luego lo obligué a empotrarme contra la pared, clavándome esa verga hasta que mis gemidos resonaban en todo el salón. Cada vez que intentaba correrse, le prohibía hacerlo, haciéndolo suplicar por permiso. Al final, cuando no pudo más, le dejé llenarme entera de golpe, sintiendo cómo su leche caliente me marcaba como su puta. La próxima vez, pienso humillarlo aún más, atándolo y obligándolo a lamerme mientras otro lo folla por detrás.