Lary Lm no aguanta sola y se entrega a su cameraman
Marlon me susurró al oído: 'Mójate para mí, puta, que hoy no te dejo ir'. Sabía que estábamos rompiendo las reglas, que mi novio nunca lo aprobaría, pero el calor de su boca en mi cuello me nubló el juicio. Entre gemidos ahogados, me arrancó la ropa mientras mis manos temblaban al desabrocharle el pantalón, su verga dura como piedra lista para enterrarse en mi coño rendido. Lo chupé con furia, sintiendo cómo cada lamida lo volvía más salvaje, hasta que me levantó en peso y me empotró contra la pared, sus embestidas tan profundas que creí partirme en dos. Sus dedos se hundieron en mis caderas, marcando mi piel mientras gruñía entre dientes, 'Nunca te correrás tan rico como con mi polla'. El espejo de enfrente reflejaba mi cara enrojecida, la boca abierta en un grito silencioso cada vez que me rebotaba en él, mi coño tan mojado que sus huevos golpeaban contra mí con cada arremetida. Cuando explotó dentro, su leche espesa manchó mis muslos, y yo seguí temblando, aún sintiendo el eco de su verga en lo más profundo. Dieciséis minutos de delirio que no olvidaré, ni siquiera el día que mi novio me pregunte por qué llevo su camiseta arrugada en el cajón