Las elfas vampiro se descubren en un antro subterráneo
—No sabía que eras tan traviesa, pequeña— susurra la elfa mayor mientras le clava los colmillos en el cuello. La sangre caliente de su compañera le enciende los sentidos, y sus manos exploran cada curva de ese cuerpo esbelto y pálido. Las dos se retuercen en el suelo de piedra fría, sus lenguas entrelazadas mientras los dedos de la mayor se hunden entre los muslos mojados de la otra, encontrando un coño ya palpitante de deseo. La sorpresa es mutua cuando la elfa menor descubre que su amante guarda un juguete de cristal bajo la túnica, y lo saca con un gemido ahogado. —Puta, ¿esto también quieres que te lo meta?— gruñe la vampiro mayor, empujando el objeto hasta que la otra arquea la espalda. En más de 10 minutos de escena, las dos se devoran como bestias, alternando entre chupar, morder y follar sin descanso. La menor gime cuando siente cómo la polla de cristal le roza el punto G, mientras la mayor le agarra el culo con fuerza y le susurra obscenidades al oído. El clímax llega cuando la elfa mayor se corre sobre el vientre de su compañera, marcándola con su esencia. Pero esto apenas es el principio...