Lexi Dona clavándole el puño en el culo sin piedad
Desde que te vio con esa falda ajustada, Lexi Dona no pudo sacarte de la cabeza, y cada vez que se rozaba contra ti, lo hacía con una sonrisa de puta traviesa, sabiendo perfectamente cómo te ponía. Hoy no aguantó más: te empujó contra la pared, te arrancó el tanga con los dientes y se arrodilló para abrirte el culo con los dedos, mojándote con la saliva mientras te miraba fijamente. La agarras del pelo para que no pare, sintiendo cómo tu respiración se acelera cuando su mano entera desaparece dentro de ti, empujando hasta que las caderas chocan con su muñeca. Te muerde los labios mientras te penetra con el puño, y cada vez que lo saca, lo vuelve a meter más rápido, más fuerte, hasta que el escozor se convierte en un placer que te hace gemir sin control. Gritas su nombre cuando sientes cómo tus músculos se aprietan alrededor de su brazo, y ella no se detiene, usando la otra mano para frotear tu clítoris hinchado, haciéndote estremecer de placer. Te corre en su brazo, pero ella sigue, clavándote el puño una y otra vez, hasta que ya no puedes más y te desplomas contra ella, sudorosa y temblando. Te la queda mirando con esa sonrisa de satisfacción, sabiendo que la provocación valió cada segundo.