Lucy LaRue se empotra con un monstruo de goma en la bañera
Me escondí tras la cortina del baño, escuchando el agua correr mientras Lucy LaRue se preparaba, sus gemidos ahogados por el miedo a que alguien entrara. La polla de goma brillaba con el lubricante, enorme y amenazante, mientras ella se inclinaba sobre el borde de la bañera, su coño peludo ya mojado antes de que yo siquiera la tocara. Le susurré al oído que no hiciera ruido, pero sus gemidos se escapaban entre los labios cuando empecé a empujar el juguete dentro de ella, lenta y profundamente, hasta que sus muslos temblaron. El agua salpicaba con cada embestida, el sonido de su carne chocando contra el plástico resonaba en las paredes, y yo aguantaba la respiración cada vez que creía escuchar pasos en el pasillo. Lucy mordía su labio pintado de rojo, sus ojos marrones vidriosos de placer, mientras el juguete se hundía hasta las pelotas, haciendo que su cuerpo entero se arqueara. El riesgo de ser descubiertos solo la ponía más caliente, y yo no podía evitar reírme en silencio cuando sus manos se aferraban al borde de la bañera, sus uñas marcando el azulejo. El agua se volvió espesa con su excitación, y cuando el juguete empezó a vibrar, sus gemidos se volvieron más fuertes, más desesperados, hasta que se corrió con un grito ahogado, su coño apretando el juguete como si no quisiera soltarlo. Al final, solo quedó el sonido de su respiración agitada y el agua quieta, mientras yo me preguntaba si alguien habría escuchado lo que acabábamos de hacer.