Marido chupa la polla de su amante negro en el motel
El cabrón del marido ya llevaba días con los huevos en llamas cada vez que su mujer le contaba lo bien dotado que estaba el negro de la entrega que les hacía los domingos. Esa noche en el motel, con las cortinas corridas y el aire acondicionado a todo volumen ahogando los gemidos, la puta de su esposa los dejó solos cuando le susurró al oído que quería verlo chupar esa verga gorda hasta dejarla limpia. El tipo, con las venas marcadas y el tronco palpitante, se dejó caer de rodillas entre sus piernas mientras ella le agarraba la cabeza con fuerza y le obligaba a meterse hasta la garganta esa polla que le hacía babear solo de mirarla. El marido, con la cara roja y los labios temblorosos, empezó a lamer el tronco desde la base hasta la punta, saboreando cada vena gruesa mientras el negro le agarraba del pelo y le empujaba la cabeza contra su entrepierna. Los primeros gemidos salieron roncos cuando sintió el sabor salado de la leche que ya empezaba a brotar de la punta, pero no se detuvo, siguió chupando como un puto desesperado mientras su mujer se masturbaba mirándolos desde el borde de la cama. El negro no tardó en empotrarle la polla hasta el fondo de la garganta, haciéndolo toser y lagrimear, pero él aguantó como un campeón, con los ojos vidriosos y las mejillas hundidas. Cuando el tipo finalmente le ordenó que se corriera en su boca, el marido obedeció sin dudar, tragando cada gota espesa que le llenaba la lengua mientras su mujer se corría gritando al verlo tragar hasta el último resto de semen. El negro, con la polla aún dura, le dio una palmada en la mejilla y le dijo que lo había hecho bien para su puta esposa, mientras el pobre cornudo se limpiaba los labios con el dorso de la mano, sudando la gota gorda y con la polla más dura que nunca.