Me cojo a la novia de mi hermanastro con su polla enorme
El hermanastro siempre me miraba con esa sonrisa de pervertido cada vez que me veía en tanga por la casa, pero nunca pensé que se atrevería a tanto. Un día, cuando su novia estaba sola en la habitación, me acerqué con una excusa tonta y terminé arrodillada chupándole esa verga gruesa que tenía entre las piernas. Ella se excitó al verme de rodillas, y antes de que pudiera reaccionar, ya me estaba empotrando contra la pared con sus embestidas brutales. Mi coño mojado no podía resistirse a ese ritmo salvaje, y cada gemido mío lo volvía más animal. La polla del hermanastro era tan grande que me dolía, pero no podía parar de pedirle más. Cuando por fin se corrió, me dejó llena de su leche espesa, y su novia solo pudo mirar con los ojos bien abiertos mientras yo me limpiaba los labios. Fue una follada tan intensa que hasta el espejo del cuarto tembló con cada embestida. Ahora, cada vez que la veo, me mira con esa sonrisa de puta que sabe que su hombre me dejó bien satisfecha. El hermanastro no perdona, y yo no puedo evitar volver por más de esa verga que me vuelve loca.