Mi mujer le da un masaje de próstata a su amante
—'No sabía que te gustaba así, Farfalla'— le susurré mientras sus dedos resbalaban entre mis nalgas, buscando ese punto que me hacía gemir como un puto. La muy zorra sonrió, sabiendo que me tenía dominado, y siguió frotando mi próstata con esa mano experta mientras su marido nos miraba desde el sofá, con la polla dura pero sin atreverse a intervenir. Yo ya estaba mojado de la excitación, sintiendo cómo cada caricia me acercaba más al borde, hasta que de repente ella sacó un juguete que no había visto antes. —'Esto te va a encantar'— dijo, y en más de 12 minutos de escena, me hizo descubrir que mi culo podía ser tan sensible como mi polla. Primero fue con los dedos, luego con el consolador, y cuando ya no aguanté más, me corrí como un animal, llenándole la boca mientras ella tragaba cada gota sin perder la sonrisa. El marido ni siquiera se atrevió a tocarla, pero yo sí: le arranqué el tanga y la empotré contra la pared, follándomela hasta que sus gemidos se mezclaron con los míos, y entonces todo se volvió un caos de carne, saliva y sudor. No hubo tiempo para más, porque en ese momento, mi polla explotó dentro de su coño, y ella gritó tan fuerte que pensé que los vecinos nos oirían.