Mi novia invitó al bailarín a casa y terminó en un trío salvaje
Mi novia siempre ha sido una caliente, pero cuando conoció al bailarín del club, perdió la cabeza por completo. Lo invitó a casa con la excusa de tomar algo, pero en cuanto cerró la puerta, le bajó los pantalones y empezó a chuparle la polla como una puta hambrienta. El tipo tenía una verga enorme, gruesa y venosa, y mi novia no podía dejar de gemir mientras se la tragaba hasta el fondo. Yo me quedé mirando, con el culo apretado, mientras ella se ponía de rodillas y le lamía los huevos como si fueran caramelos. El bailarín le agarró el pelo, le empujó la cabeza contra su polla y empezó a follarle la boca con embestidas brutales. Mi novia escupía saliva y babas, pero no paraba de gemir, con el coño ya mojado y el tanga empapado. Cuando el tipo la levantó y la tiró en la cama, le arrancó el vestido y le metió los dedos en el culo sin avisar. Ella gritó, pero no de dolor, sino de placer, mientras él le mordía los pezones y le clavaba la polla en el coño como un martillo. Yo me acerqué y le metí la lengua en la boca, sintiendo cómo ella me chupaba los labios mientras el bailarín la empotraba contra el colchón. Los gemidos se mezclaban con los golpes de carne contra carne, y pronto el tipo empezó a correrse dentro de ella, llenándola de leche caliente. Mi novia gritó como una perra en celo, con el coño temblando y la cara llena de sudor. Cuando terminó, se quedó tirada en la cama, con las piernas abiertas y el coño chorreando, mientras yo me limpiaba la boca y el bailarín se vestía. Fue una noche que nunca olvidaré.