Mira cómo tuve que esconderme para follar a Youashley sin que nadie lo supiera
Esa tarde en el motel de mala muerte, el lugar perfecto para pecar en secreto, te voy a contar cómo me puse una falda que apenas cubría mi coño mojado para provocarlo desde el primer segundo que me vio. Sabía que estaba mal, que si nos pillaban nos echarían a patadas, pero no podía evitarlo: sus ojos en mi culo cuando me agaché a recoger el condón que ‘se me cayó’ sin querer, la forma en que se mordió el labio cuando metí los dedos bajo el encaje para que viera lo lista que estaba. Cuando finalmente me empotró contra la pared, juro que las patas de la cama golpeaban tan fuerte que temí que la recepción subiera, pero él no paró, no hasta que mi coño le apretó la polla como si no quisiera soltarla. Gemí su nombre una y otra vez, sabiendo que si alguien escuchaba, nos descubrirían, pero justo eso lo encendía más: el peligro, el riesgo de que nos vieran, su mano tapándome la boca mientras me corría y él también, gruñendo como un animal entre mis piernas. Y cuando acabamos, sudados y con mi maquillaje corrido, solo me susurró: ‘¿Ves? Ni siquiera pudiste resistirte a mi verga, sucia.’