Pez girando por una hora con su polla dura
El pez se movía lento pero constante, su polla gruesa y rosada brillaba bajo el agua mientras giraba sin parar, rozando contra las paredes del acuario con cada movimiento. La punta de su verga ya estaba hinchada, lista para explotar, y los gemidos ahogados que escapaban de su boca eran música para mis oídos. Sus caderas se contorsionaban en círculos perfectos, el culo apretado se tensaba con cada embestida imaginaria, aunque nadie más lo viera. El agua salpicaba con cada giro, el líquido caliente se mezclaba con el sudor que le caía por la frente mientras se agarraba de los bordes del acuario para no perder el ritmo. La polla le palpitaba, el coño imaginario que follaba en su mente estaba tan mojado que podía sentir cómo los jugos le chorreaban por los muslos. Los gemidos se volvieron más fuertes, el pez mordía su labio inferior con fuerza mientras el placer lo consumía, las piernas le temblaban y el culo se apretaba con cada espasmo de su verga. Finalmente, el pez se corrió con un grito ahogado, la leche blanca se mezcló con el agua mientras su cuerpo se convulsionaba de puro placer. El acuario quedó manchado, pero a él no le importaba, solo quería seguir girando, follando, sintiendo esa polla dura hasta que no quedara ni una gota dentro de él.