Policía lesbiana seduce a morena de tetas naturales
La morena llevaba horas coqueteando con la mirada cada vez que la policía pasaba por su barrio, pero hoy no se contuvo: le agarró el brazo en plena calle y la arrastró hasta el callejón más oscuro para que le demostrara lo que valía su uniforme ajustado. Nada más cerrar la puerta del garaje, la agente le arrancó la blusa dejando al descubierto unos pechos naturales que rebotaban al ritmo de sus jadeos, mientras le mordisqueaba el cuello con dientes que dejaban marca. La morena gimió fuerte cuando sintió cómo los dedos de la policía se colaban entre sus muslos, empapados de sudor y lujuria, y le susurró al oído que tenía la boca más dulce que cualquier otra que hubiera probado. La agente no perdió tiempo: la empujó contra la pared, le bajó el tanga de encaje negro y se lo metió en la boca para callar sus gritos mientras le clavaba la polla latex entre las nalgas, gruesas y firmes bajo el uniforme. Los gemidos se volvieron desesperados cuando la morena le suplicó que la follara más fuerte, con embestidas que hacían temblar las paredes del garaje y le dejaban la espalda marcada con uñas que se hundían en la carne. El sudor les resbalaba por los cuerpos entrelazados, mezclándose con el olor a sexo crudo mientras la policía la empotraba contra la moto aparcada, haciendo que los pechos le rebotaran como gelatina cada vez que la embestía. La morena se corrió gritando su nombre, con el coño palpitando alrededor de la polla que la llenaba hasta el fondo, y la agente no tardó en unirse con un gruñido animal mientras le llenaba el culo de leche caliente que se escurría por las piernas. Se quedaron jadeando en el suelo, con las ropas esparcidas y el aire cargado de un olor que solo el sexo más salvaje puede dejar atrás.