Prima codiciosa se deja follar en casa vacía
La prima llevaba días lanzándole miradas cargadas de lujuria cada vez que él pasaba cerca, mordiéndose el labio inferior con esos dientes blancos que tanto lo ponían. Al quedarse sola en la casa de los viejos, la muy puta no pudo resistirse y lo arrastró hasta el sofá del salón, donde el aire acondicionado no lograba enfriar el calor que les quemaba la piel. Sin perder tiempo, le arrancó la camisa de un tirón mientras sus manos sudorosas se enredaban en el cinturón de él, desabrochándolo con dedos torpes por la urgencia. La polla dura le saltó como un resorte al liberarla, gruesa y palpitante, y ella no pudo evitar soltar un gemido ronco al verla brillar bajo la luz tenue del atardecer. Se arrodilló de un salto, con el culo prieto y redondo levantado, y se la metió hasta el fondo de la garganta en un solo movimiento, ahogándose con la saliva espesa mientras los huevos le golpeaban la barbilla. Él le sujetó la nuca con fuerza, empotrándola sin piedad mientras ella se ahogaba en sus fluidos, sus gemidos ahogados en la gruesa verga que le llenaba la boca sin piedad. Cuando por fin la levantó, la prima se quitó el vestido de un tirón, dejándola desnuda frente a él con el coño ya empapado, los pezones duros como piedras y los muslos temblorosos por el deseo. La tumbó boca abajo sobre el sofá, le apartó las nalgas con las dos manos y se clavó en su interior de un solo envite, sintiendo cómo el culo prieto le apretaba la polla como un puño caliente y húmedo. Las embestidas eran salvajes, el sonido de piel chocando contra piel llenaba la sala mientras ella gritaba cada vez que la cabeza de la verga le rozaba el punto más sensible, su coño tragándosela una y otra vez sin compasión. Los gemidos se volvieron frenéticos, la prima se retorcía bajo su peso, arañando el sofá con las uñas mientras él la empotraba con fuerza brutal, sus bolas golpeando contra su clítoris hinchado. Cuando sintió que el orgasmo le trepaba por la espalda como un rayo, se corrió a gritos, empapándole el sofá con sus jugos mientras él le llenaba el coño de leche espesa, gruesa y caliente, que se escurría por sus muslos temblorosos. La prima quedó tendida boca arriba, con la respiración entrecortada y el cuerpo tembloroso, mientras él se limpiaba la polla con su propia camiseta, dejándola satisfecha, mojada y hecha un desastre en medio del salón.