Puta estrella se prepara el culo para el gang bang
La morena de pelo negro ya venía con el coño chorreando desde antes de entrar a la ducha, frotándose el clítoris con los dedos mientras se imaginaba cómo le iban a empotrar ese culazo que tenía para que no quedara ni rastro de inocencia en su mirada de zorra ansiosa. El agua caliente le resbalaba por la espalda mientras se enjabonaba entre las nalgas, sintiendo cómo el jabón le dejaba la piel resbaladiza y lista para que cualquier verga se le clavara hasta el fondo sin piedad. No tardó ni cinco minutos en que su coño estuviera más mojado que el suelo de la regadera, goteando sudor y excitación mientras se mordía el labio inferior imaginando a todas esas pollas gruesas y venosas que le iban a reventar el culo sin compasión. Cuando escuchó los pasos acercándose al baño, ni siquiera se molestó en cerrar la puerta, solo se agachó un poco más, separando las nalgas con las manos para que el primer cabrón que entrara supiera que estaba más que lista para que se la metieran por atrás hasta hacerla gritar como una perra en celo. La primera verga no tardó ni dos segundos en aparecer, gruesa y palpitante, untada con saliva antes de que el tipo le escupiera en el culo y se lo clavara de una sola embestida que le hizo soltar un gemido gutural, sintiendo cómo el dolor se mezclaba con un placer tan intenso que le nubló la vista. No pasó ni un minuto antes de que el segundo cabrón entrara sin pedir permiso, empujando su polla directamente en la boca mojada mientras ella se ahogaba con la saliva y los gemidos, sintiendo cómo el coño le ardía de ganas por ser llenado también. Entre gemidos ahogados y bofetadas en las nalgas, la morena se dejó llevar por el ritmo salvaje de esas pollas que no paraban de moverse, una tras otra, metiéndosela hasta el fondo mientras le escupían en la cara y le gritaban que era una puta buena para nada más que para eso. El olor a sexo y sudor llenaba el baño mientras las embestidas se volvían más brutales, cada empujón le hacía sentir que le iban a partir el culo en dos, pero a ella solo le importaba correrse una y otra vez, con la boca llena de semen y el coño goteando más que nunca. Cuando por fin la dejaron tirada en el suelo, con las piernas abiertas y el culo rojo y dolorido, solo atinó a reírse como una loca mientras se limpiaba los restos de corrida de la cara y susurraba que quería más, que la próxima vez le metieran hasta los huevos sin piedad, porque esa noche solo había sido el calentamiento.