RainhaBlanca se entrega a un dildo gigante en su habitación
Me quedé mirando cómo RainhaBlanca se mordía los labios mientras acariciaba el dildo monstruoso sobre la cama. Llevaba días imaginando ese momento, desde que lo vio en el armario y no pudo dejar de fantasear con él. Sus muslos gruesos temblaban de anticipación, la piel de gallina le cubría los brazos mientras se agachaba para pasar la lengua por la punta del juguete. El contraste entre su coño depilado y el vello oscuro de sus piernas hacía que todo pareciera más intenso. Con un gemido ahogado, se lo metió hasta las pelotas de una sola estocada, arqueando la espalda cuando el juguete rozó su punto G. Sus tetas rebotaban con cada embestida, los pezones duros como piedras, y el sonido de su coño chorreando se mezclaba con los golpes húmedos contra el plástico. Se corrió dos veces antes de que el dildo la dejara exhausta, con los muslos temblando y el cuerpo brillante de sudor. Cuando terminó, solo atinó a mirar la cámara con una sonrisa pícara, sabiendo que había cumplido su fantasía más sucia.