Sumisa adorando los pies de su diosa mientras la domina
Te voy a contar cómo me arrodillé ante Lovely Bea, con sus pies descalzos rozándome la cara mientras me susurraba: '¿Ves lo que pasa cuando te portas mal?' Sus dedos se hundían en mi pelo, tirando hacia atrás para que no perdiera detalle de su coño mojado y su culo perfecto. La culpa me quemaba por dentro, pero no podía parar de gemir cuando me obligaba a chupar sus dedos, sabiendo que acababan de estar entre sus nalgas. Cada vez que intentaba resistirme, Mistress Kayla me empujaba contra la cama, sus muslos apretándome la cabeza hasta que casi no podía respirar. Sus gemidos resonaban en mis oídos mientras me frotaba contra mi polla, sintiendo cómo se me ponía más dura con cada orden. 'Eres mi esclavo, y esto está mal, pero no puedes evitarlo', me decía, y tenía razón. Cuando por fin me dejó correrme, fue con sus tacones clavados en mi espalda, marcándome como su propiedad. Y al final, solo quedó el sonido de su risa mientras se alejaba, dejándome temblando en el suelo.