Tío negro con polla enorme masturbándose solo
Desde que la vio en el video ese de la fiesta de barrio, no para de pensar en cómo se le vería esa verga negra bien gruesa y palpitante entre sus dedos sudados. Se quitó la camiseta sudada, se desabrochó el cinturón y sacó su polla morada y brillante, tan grande que le llegaba casi hasta el ombligo. Con la mano izquierda se apretó las bolas bien cargadas mientras con la derecha se enjabonó la verga desde la base hasta la punta, resbalando como si fuera mantequilla, sintiendo cada vena gruesa bajo sus dedos. Los gemidos le salían del pecho sin poder contenerlos, gruesos y roncos, mientras se imaginaba que esos mismos dedos eran los de una morena caliente que le chupaba la punta con ganas. Se masturbaba con movimientos lentos al principio, frotando la cabeza morada contra su propio vientre mientras se humedecía los labios imaginando cómo sería sentir esa verga dentro de un coño apretado. De repente aceleró el ritmo, apretando la base con fuerza para no correrse antes de tiempo, pero la excitación era tanta que ya sentía el calor subiendo por la columna como lava. Se inclinó hacia atrás en el sofá barato, con las piernas bien abiertas, dejando que la verga se balanceara pesadamente cada vez que se agarraba el tronco con los dos puños, apretando y tirando hasta que la punta se puso brillante y jugosa. Los sonidos húmedos de la masturbación resonaban en la habitación oscura, mezclados con sus jadeos cortos y profundos, mientras se imaginaba a una fulana desconocida arrodillada frente a él chupándole hasta dejarlo seco. Cuando ya no pudo aguantar más, se corrió con un gruñido animal, disparando chorros espesos sobre su propio pecho sudado, resbalando entre sus abdominales marcados mientras los últimos espasmos le sacudían el cuerpo entero. Quedó jadeando, con la verga todavía dura pero palpitante, deseando que en el próximo video alguien más le ayudara a aliviar todo ese calor que le quemaba por dentro.