Travesti de culo perfecto lavando platos y excitando a Pervert Unicorn
Era un día cualquiera en la cocina cuando me incliné para lavar los platos, mi minifalda negra subiéndose hasta dejar al descubierto ese culo redondo y apretado que él no podía dejar de mirar. ¿Sabes esa mirada de perro que se relame al ver algo que desea? Así estaba Pervert Unicorn cuando sus ojos se clavaron en mis nalgas, y yo lo noté al instante, porque su polla ya estaba dura como roca bajo esos jeans ajustados. Con disimulo, me arqueé un poco más, balanceando las caderas para que el movimiento de mi culo lo volviera loco, y funcionó: antes de que pudiera reaccionar, ya estaba detrás de mí, sus manos agarrando mis nalgas con fuerza mientras susurraba al oído que no aguantaba más. Lo siento, pero cuando noté que su verga palpitaba contra mi ropa interior, ya era tarde para parar. Le ordené que la sacara y me la restregara por el coño, y para mi sorpresa, su tamaño me hizo gemir de inmediato: ese trozo de carne gruesa y larga rozando mi entrada como si quisiera reventarme de una sola estocada. No te imaginas cómo se sintió cuando la empujó toda de golpe, sin aviso, haciendo que mi culo se apretara alrededor de su verga con un gemido agudo. Cada embestida me estremecía, porque la sensación de sentir cómo su polla me llenaba por completo, rozando puntos que ni siquiera sabía que existían, me hizo temblar de placer. ¿Y sabes qué fue lo mejor? Cuando me dio la vuelta para empotrarme contra el lavabo, mirándome a los ojos mientras me penetraba a un ritmo salvaje, soltando gemidos guturales que resonaban en toda la cocina. Ver su cara de éxtasis al correrse dentro de mí, con los muslos temblorosos y los ojos vidriosos, fue lo más excitante de todo. Y aunque yo también me vine, con un orgasmo que me dejó las piernas flácidas, lo que más me excitó fue ver cómo Pervert Unicorn se desplomó contra mí, sudoroso y jadeante, con esa sonrisa pícara de quien acaba de descubrir algo increíble: que mi culo era justo lo que necesitaba para perder la cabeza.