Aleyda Guzmán se deja empotrar el culo como una diosa
Llevaba días mirándome con esos ojos de puta que me volvían loco, mordiéndose los labios cada vez que pasábamos cerca, rozando su cuerpo contra el mío como si no pudiera aguantar más. Sabía que quería mi polla en su culo desde que me susurró al oído que nadie la había roto como yo. Cuando por fin la tuve de rodillas, con su culo redondo y apretado temblando frente a mí, no perdí tiempo: le metí los dedos primero, sintiendo cómo su agujero se contraía de anticipación, hasta que los tuvo bien mojados y listos para mi verga. La puse a cuatro patas, con su cara hundida en la almohada y el culo en pompa, y le clavé la polla de una estocada, sintiendo cómo su carne cedía para dar paso a mi grosor. Aleyda gritó, pero no se quejó, solo apretó más las sábanas mientras yo le embestía sin piedad, escuchando sus gemidos ahogados cada vez que mi cadera chocaba contra su carne. Cambié de ritmo, la puse de espaldas y la penetré en misionero, viendo cómo sus tetas rebotaban con cada movimiento, hasta que la giré de nuevo y la monté como una perra en celo, sintiendo cómo su culo se ajustaba perfectamente a mi polla. En más de 11 minutos de escena, la hice correrse tres veces, cada una más intensa que la anterior, hasta que al final me vine dentro de ella, sintiendo cómo su culo se apretaba alrededor de mi verga en el último espasmo. Cuando nos separamos, su culo estaba enrojecido y mi leche goteaba por sus muslos.