Astrid Cute, la colegiala culona que me vuelve loco con su falda corta
Desde que la vi mover ese culo respingón en clase, no podía dejar de imaginármela así, con la falda subida hasta la cintura y mi polla hundida hasta las pelotas en su culo apretado. Llevábamos días mirándonos con complicidad, robando besos en los pasillos, hasta que un día no aguanté más y la arrastré a mi habitación. Le arranqué la falda de un tirón, dejando al descubierto ese culito redondo y perfecto, ya mojado de anticipación. Le di una nalgada que la hizo gemir, y sin perder tiempo, me puse detrás y le clavé la verga de una estocada, sintiendo cómo su culo se ajustaba a mi polla como un guante. Astrid gritó, pero no de dolor, sino de placer, mientras yo la embestía sin piedad, sintiendo cómo sus paredes se contraían alrededor de mi verga. Cada vez que me hundía en ella, sus gemidos se volvían más fuertes, y yo no podía evitar agarrarle las caderas con fuerza, marcando el ritmo de mi follada. Sus tetas pequeñas rebotaban con cada embestida, y yo no podía resistir chuparle los pezones mientras seguía empotrándola. Cuando sentí que ya no aguantaba más, le di la vuelta y la puse a cuatro patas, metiéndosela por detrás mientras le agarraba el pelo, haciendo que arqueara la espalda para recibirme más profundo. Astrid me suplicaba que no parara, y yo, con la polla a punto de estallar, le di las últimas embestidas brutales hasta correrme dentro de ella, sintiendo cómo su culo se apretaba alrededor de mi verga. Cuando me saqué, Astrid se dejó caer en la cama, jadeando, con el rostro enrojecido y los labios hinchados de tanto gemir. Sabía que no sería la última vez que la tendría así, con ese culito mío para disfrutar.