Chicas del bosque folladas sin piedad por aldeanos
Esa noche en el bosque la humedad se pegaba a la piel de las universitarias mientras sus tetas enormes rebotaban bajo la luna llena. El primer aldeano le arrancó el vestido de un tirón y le enterró la polla bien dura entre los labios del coño, que ya estaban empapados de ganas. Ella gritó al sentir cómo se la clavaba hasta el fondo, con los muslos temblando y las uñas clavadas en la tierra. Otro tipo le agarró las tetas grandes con las dos manos y se las estrujó mientras le lamía los pezones duros como piedras, haciéndola gemir más fuerte. La tercera chica, con la espalda pegada a un árbol, recibió una salva de embestidas brutales que le dejaron el culo rojo y brillante, listo para más. Uno de los villagers se arrodilló y le chupó el clítoris hinchado hasta que la morra no pudo aguantar más y se corrió mojándole toda la cara. Entre risas y empujones, las universitarias se dejaron follar sin parar, con las tetas saltando al ritmo de cada penetración profunda. El olor a sexo y sudor llenaba el aire mientras una tras otra se dejaban llenar de leche espesa, gimiendo de placer con la voz ronca. Los aldeanos no tenían piedad: les metían la polla hasta la garganta, les azotaban el culo rojo y las dejaban tiradas en el suelo, satisfechos de haberlas convertido en sus putas del bosque. Al final, todas quedaron tendidas entre las hojas, con las piernas abiertas y los coños brillantes, esperando a que el siguiente las reclamara.