Chico latino casi los descubren follando en un edificio abandonado
El corazón le latía a mil por hora cuando sus manos sudorosas se enredaron en la camisa del otro, arrastrándolo hacia el rincón más oscuro del lugar, donde el olor a humedad y polvo se mezclaba con el sudor caliente que les resbalaba por la espalda. no había tiempo para sutilezas, así que le bajó los pantalones de un tirón mientras la polla dura del moreno se sacudía libre entre sus dedos, gruesa y palpitante como si llevara horas esperando este momento. el otro tipo, con el cuerpo esquelético pero el culo prieto, se agachó al instante para chupársela con avidez, sus labios resbaladizos dejando la polla brillante y reluciente mientras gemía y se masturbaba con la otra mano. no hubo preliminares, solo el instinto animal de clavarse hasta el fondo, así que lo empujó contra la pared sucia, le escupió en el culo y sin avisar le metió la verga hasta el fondo de un empujón seco que lo dejó sin aire y con las uñas arañando el cemento. el moreno gritó como un animal herido, su voz ronca mezclándose con el sonido húmedo de los cuerpos chocando uno contra otro, el culo apretándose alrededor de la polla que lo abría sin piedad mientras la saliva le resbalaba por el muslo. la sensación era tan intensa que el de cuerpo flaco no pudo aguantar más y se corrió con un chorro espeso que le manchó las manos y la polla, que seguía dura como una roca, lista para otra ronda. entre jadeos y empujones brutales, el moreno lo volteó boca abajo, le bajó el short hasta las rodillas y con las dos manos le separó las nalgas para escupirle de nuevo en el agujero antes de empotrarlo con furia, haciendo que el flaco soltara un alarido que resonó en el edificio vacío. la polla gruesa entraba y salía a velocidad de locura, mojando las nalgas con cada embestida hasta que el flaco, rendido, se corrió otra vez con un líquido espeso que le resbaló por los muslos mientras su cuerpo se sacudía en espasmos. el moreno no tardó en seguirlo, gruñendo como un cerdo mientras descargaba su leche caliente en lo más profundo del culo, dejando las nalgas pegajosas y brillantes con una mezcla de semen y sudor. cuando por fin se separaron, jadeantes y con los cuerpos temblorosos, se dieron cuenta de que casi los descubren: alguien había gritado fuera y las luces de una linterna barrían la oscuridad a lo lejos, pero en ese momento solo importaba el calor que les quemaba las entrañas y el sabor salado de la corrida en sus labios.