Negro depravado quiere empotrar al novato todos los días
El negro musculoso no aguantaba más las ganas de meterle su verga enorme al chico inexperto que vivía en el mismo edificio. Cada vez que se cruzaban en el pasillo, el moreno le lanzaba miradas de deseo mientras se ajustaba el bulto en los pantalones, y el otro solo podía tragar saliva al ver ese rabo grueso y venoso que lo volvía loco. Un día, el negro lo invitó a su apartamento con la excusa de tomar algo, pero en cuanto cerraron la puerta, lo empujó contra la pared y le arrancó la ropa con fuerza. El novato gimió al sentir las manos ásperas del macho recorriendo su cuerpo, y cuando lo giró para ponerlo de rodillas, no pudo evitar chupar con ansias esa polla dura que le llenaba la boca. El negro gruñó al sentir la lengua del chico lamiendo su verga con desesperación, y sin perder tiempo, lo levantó y lo llevó al sofá para empotrarlo con embestidas brutales. El culo del novato se abrió con cada empujón, y los gemidos se mezclaban con el sonido de carne chocando contra carne. El negro lo agarró del pelo mientras lo penetraba sin piedad, y cuando sintió que su verga estaba a punto de explotar, lo sacó y le llenó el culo de leche caliente. El novato jadeó al sentir el líquido espeso resbalando por sus nalgas, y el negro solo sonrió al verlo completamente satisfecho. Desde ese día, el negro no dejaba de perseguirlo para follarlo una y otra vez, y el novato ya no podía resistirse a ese rabo que lo volvía adicto.