Cintia se empala en la verga dura de Arturo hasta correrse
El primer vistazo a Cintia le dejó a Arturo con la polla más dura que nunca, con esos pechos naturales balanceándose bajo la blusa rosa mientras ella se mordía el labio mirándolo de reojo. En cuanto él le tomó la mano y la llevó al sofá, ella no pudo resistirse y se dejó caer sobre su regazo, sintiendo al instante cómo la cabeza gruesa de su verga le abría el coño sin piedad. Las embestidas empezaron lentas, pero pronto el ritmo se volvió frenético cuando ella comenzó a cabalgarlo con fuerza, sus nalgas redondas chocando contra sus muslos cada vez que se dejaba caer. Él le agarraba el culo con ambas manos, hundiendo los dedos en su carne mientras ella gemía con la boca entreabierta, los pezones duros rozando su pecho sudado. La postura de vaquera inversa la volvió loca, dejando que la polla enorme le llenara hasta el fondo mientras él le lamía y mordisqueaba los pezones, sin importarle que ella gritara de placer cada vez que la empalaba. El sonido de sus cuerpos chasqueando resonaba en la habitación, mezclado con los jadeos rotos de Cintia y los gruñidos roncos de Arturo, que ya no podía aguantarse más. Cuando él la agarró de la cintura y la volteó boca abajo, ella se dejó hacer sin protestar, arqueando la espalda para ofrecerle el culo bien abierto mientras él se la clavaba con saña, sintiendo cómo el coño le apretaba la verga como un puño. Los últimos embistes fueron brutales, las nalgas de ella temblando antes de que un chorro espeso de leche caliente le cayera sobre la cara, los pechos y el pelo rubio mientras ella se corría con los ojos en blanco. La escena terminó con ella exhausta, la polla aún goteando semen sobre su coño empapado y los muslos pegajosos, mientras él le susurraba al oído que nunca había follado a una putita tan caliente.