Creampie arriesgada con Katie Kingerie y su polla enorme
Era media tarde en la oficina cuando Katie Kingerie cerró la puerta con llave y se arrodilló frente a él, sus labios carnosos ya húmedos de anticipación. El riesgo de que alguien pasara por el pasillo y escuchara los gemidos ahogados de ella mientras le chupaba la verga con desesperación le ponía más caliente. Sus manos apretaban las caderas de él, guiándolo hacia su coño empapado, donde entró de una estocada que la hizo morderse el labio para no gritar. Cada embestida profunda resonaba contra las paredes, el sonido de la carne chocando ahogado por los susurros urgentes de ella: 'Más fuerte, pero calla, que nos van a oír'. El sudor le corría por la espalda mientras él la empotraba contra el escritorio, sus tetas rebotando con cada movimiento, hasta que el calor de su corrida llenó su interior. Al terminar, quedó un charco pegajoso en el suelo y un zapato de tacón tirado cerca de la puerta.