Culo enorme llena de leche por detrás
La morena de trasero voluminoso no podía resistirse cuando le agarró el pelo y la empujó contra el espejo del baño, su coño peludo ya chorreando por las horas de masturbación frente al móvil. Él le escupió en la raja del culo y con un empujón bestial se la clavó hasta el fondo, hundiendo su polla gruesa en esa carne palpitante que gemía como una perra en celo. Las tetas gordas le rebotaban al ritmo de cada embestida brutal mientras ella se retorcía, con los muslos temblando y el coño cada vez más mojado, empapando la toalla que pisoteaban. Entre gritos ahogados le suplicó que no parara, que la llenara entera, que le partiera el culo a hostias hasta que se corriera dentro sin piedad. Él le dio una bofetada en la nalga izquierda que dejó marca roja mientras le susurraba al oído lo puta que era, cómo ese culazo suyo pedía a gritos una polla que la destrozara. Ella se arqueó más, ofreciéndole el coño abierto para que se lo comiera sin piedad antes de volver a empalarla con furia, lamiendo cada gota de jugo que le resbalaba por los muslos mientras el dildo gigante le entraba y salía sin compasión. Cuando por fin le soltó el pelo y le agarró las tetas como si fueran pelotas, ella explotó en un orgasmo que le sacudió todo el cuerpo, gritando como una loca mientras él le llenaba el culo de leche espesa hasta que el líquido blanco le goteaba por las piernas. La dejó tirada en el suelo, jadeando y con los muslos pegajosos, mientras él se limpiaba la polla en su pelo y se reía al ver cómo su coño seguía temblando, ansioso por más. Por eso no se cansaba de volver a por esa morena de culo descomunal, porque con ella el sexo nunca era suave ni lento: era crudo, sucio y exactamente lo que ambos necesitaban.