Llamé a mi amigo para follarme a la puta Clea Gaultier
La muy zorra me tenía loco con ese culo perfecto y esas tetas que rebotaban cada vez que se agachaba a recoger algo en la cocina. Un día, sin pensarlo dos veces, le mandé un mensaje a mi amigo con la polla más grande que conocía para que viniera a mi casa y le diera por todos lados. Cuando Clea abrió la puerta, ya estaba lista con un tanga negro que apenas cubría su coño mojado y ese culito apretado que pedía a gritos ser empotrado. Mi amigo no perdió el tiempo y la empujó contra la pared, metiéndole la lengua hasta la garganta mientras le sobaba las tetas con fuerza. Ella gemía como una perra en celo, arqueando la espalda para que él le clavara los dedos en el culo mientras le chupaba los pezones. La tiré al sofá y le arranqué el tanga de un tirón, dejando al descubierto su concha brillante de tanto flujo. Mi amigo se arrodilló y le enterró la cara entre las piernas, lamiéndole el clítoris con la lengua gruesa mientras ella se retorcía de placer. Luego, sin avisar, se paró y le metió la polla hasta el fondo en una sola embestida, haciendo que ella gritara como una loca. La monté como una bestia, embistiendo su culo redondo mientras ella se agarraba las tetas y movía las caderas al ritmo de mis golpes. Cuando ya no aguanté más, me corrí dentro de su coño apretado, llenándola de leche caliente mientras ella seguía gimiendo como una puta insaciable. Al final, los dos estábamos sudados y exhaustos, pero con ganas de repetir cada vez que esa zorra se dejara follar así.