De amigos a amantes: follada salvaje entre vecinos
Todo empezó con miradas furtivas y roces 'accidentales' cada vez que se cruzaban en el pasillo, pero ahora la cosa se puso caliente de verdad. La polla del vecino ya no podía esperar más, y cuando la agarró por la cintura y la empujó contra la pared, ella gimió fuerte al sentir cómo su coño se mojaba al instante. Las manos de él bajaron hasta su culo perfecto, apretándolo con fuerza mientras ella le mordía el cuello, desesperada por sentirlo dentro. Sin perder tiempo, le arrancó el tanga con los dientes y metió dos dedos en su coño caliente, haciendo que se retorciera de placer. 'Fóllame duro', le susurró al oído, y él no se hizo rogar: la levantó en peso y la empotró contra la pared, clavándole la polla hasta el fondo. Cada embestida la hacía gritar más fuerte, y cuando él le dio una nalgada, ella se corrió como una puta enloquecida, apretando su polla con fuerza. Él no aguantó más y le llenó el coño con una corrida intensa, dejándola temblando y con las piernas flojas. Ahora ya no son solo vecinos, son amantes insaciables que no pueden dejar de follar cada vez que se encuentran.