Dos ladronas castigadas por mi polla gigante en la oficina
La oficina estaba en silencio, solo el zumbido del aire acondicionado y el olor a papel viejo. Ellas entraron como si nada, con esos vestiditos ajustados que apenas cubrían sus culitos redondos, moviéndose con esa provocación que ya me tenía duro desde antes. Mia Kay se inclinó para revolver unos archivos, su falda subiendo lo justo para que viera el encaje de sus bragas mojadas. Naudi Nala se acercó a mi escritorio, rozando mi brazo con sus tetitas pequeñas pero firmes, susurrando algo sobre 'compensación' mientras me miraba con esos ojos de puta que sabe lo que quiere. No aguanté más: las agarré de las muñecas y las empujé contra la mesa, arrancándoles las bragas de un tirón. Sus coños ya estaban chorreando, listas para mi polla. Las hice arrodillarse y chuparme a las dos, turnándose, mientras les metía los dedos en sus agujeros apretados. Naudi gemía como una perra en celo cuando le metí la polla hasta las pelotas, sus uñas clavándose en mi espalda. Mia Kay no se quedó atrás, montándome como una salvaje, rebotando su culo en mi verga hasta que me corrí dentro de ella. La próxima vez, les voy a atar las manos y les haré gritar mucho más fuerte.