El pastor leñador se enfrenta a la furry dominante en 3D
—¿Crees que puedes manejarme, pastor?— le desafió ella, arqueando la espalda para que sus tetas rebotaran con cada paso. Él, con la polla ya dura bajo el pantalón de trabajo, no perdió tiempo en responder: —Abre las patas, perra, y veremos quién suplica primero. Ella se rió, pero el sonido se ahogó cuando él la empujó contra el tronco de un árbol, arrancándole el pelaje sintético para dejar al descubierto su coño rosado y ya mojado. Sin preámbulos, le clavó la verga hasta las pelotas, haciendo que sus uñas se hundieran en la corteza mientras gemía. El pastor gruñó al sentir cómo sus paredes vaginales se contraían alrededor de su polla, pero ella no se quedó atrás: movía las caderas en círculos, frotando su clítoris contra él para robarle el control. —¿Así que esto es lo mejor que tienes?— lo provocó, mordiéndose el labio inferior. Él respondió con un azote seco en el culo, seguido de embestidas más rápidas, haciendo que sus tetas saltaran con cada impacto. El sonido de la piel chocando contra piel se mezclaba con los jadeos de ella, que ahora agarraba sus hombros para no caerse. —No te corras todavía— le ordenó, pero él no escuchó: la levantó en el aire, empalándola contra el árbol mientras la penetraba sin piedad. Ella gritó, pero no de dolor, sino de placer, sintiendo cómo su polla golpeaba justo donde más lo necesitaba. —Eres una furry putita— le susurró al oído, y eso fue lo que la hizo estallar: su coño se apretó alrededor de su verga, ordeñándolo hasta que él también se vino, llenándola hasta rebosar. Cuando todo terminó, ella solo podía pensar en una cosa: que la próxima vez, sería ella quien lo dejaría suplicando.