Esposa asiática caliente chupa polla con lujuria
Llevaba días observándola desde el balcón mientras se cambiaba las bragas frente al espejo empañado del baño. Cada vez que el aire acondicionado se encendía, su coño rosado se humedecía más, dejando marcas húmedas en la tela del vestido ajustado que apenas cubría sus tetas firmes. Al abrir la puerta, la vi arrodillada en el suelo, con los labios rojos separados y la lengua juguetona lamiendo la punta de mi verga gruesa y palpitante. Soltó un gemido ronco al sentir el primer contacto, sus ojos brillando de deseo mientras me agarraba la polla con ambas manos y se la metía entera en la boca. El sonido de los chupos húmedos y los golpes de garganta resonaban en la sala, mezclándose con los gritos ahogados que escapaban de su garganta cada vez que llegaba hasta el fondo. Le encantaba que le llenaran la boca hasta que sentí cómo su saliva resbalaba por mi tronco, mientras sus tetas rebotaban al ritmo de los embistes lentos que le daba, agarrándole la nuca con fuerza. De repente, se quitó el vestido de un tirón, dejando al descubierto su culo prieto y redondo, y se tiró sobre la cama boca abajo, levantando ese culito perfecto para que le metiera la verga hasta lo más profundo. Las embestidas eran brutales, el sonido de los choques entre su carne y mi pelvis llenaba el cuarto, y sus gritos de puta caliente me decían que le encantaba que la empotrara sin piedad. Sentí cómo se le contraía el coño al borde del orgasmo, sus tetas aplastadas contra el colchón mientras yo seguía metiéndosela con saña, hasta que solté un gruñido animal y me corrí dentro de ella, llenándole el coño de leche caliente que goteaba por sus muslos al levantarse temblorosa.