La abuelita Lika me dejó volverla loca con mi verga
Yo ni me lo podía creer cuando vi a la abuelita Lika entrar en mi habitación con ese vestido ajustado que apenas contenía sus tetas caídas y ese coño ya mojado, lista para que yo le diera lo que tanto necesitaba. Le ordené que se arrodillara y me chupara la polla sin perder tiempo, y esa vieja perra lo hizo como una profesional, tragándose cada gota de saliva que me escurría. Después la puse de cuatro patas sobre la cama, agarré bien sus caderas y le metí la verga en ese coño fláccido hasta que sus muslos temblaron. Le di tan duro que hasta gritó pidiendo clemencia, pero yo no paré, le di vueltas sobre la cama en más de 11 minutos mientras ella suplicaba que la dejara correrse. Cuando no aguanté más, le vacié toda la carga dentro de ese coño viejo y apretado, y en ese momento ella solo pensaba en que no quería que esto terminara, que quería mi polla otra vez.