La familia de julianna vega tiene un secreto muy caliente
—'¿Seguro que quieres esto, Eddie?'— me susurró Julianna mientras me agarraba la polla por encima del pantalón, sus tetas enormes rebotando contra mi pecho. No había vuelta atrás: su marido estaba en el trabajo, pero en cualquier momento podía volver, y eso solo nos ponía más cachondos. Le bajé el tanga hasta los tobillos y le clavé la lengua en el coño, mojado como un río, mientras ella gemía ahogando los gritos con la almohada. Cada vez que escuchábamos un ruido en el pasillo, nos quedábamos quietos, conteniendo la respiración, pero luego seguíamos más salvajes. La puse a cuatro patas sobre la cama y le metí la polla hasta las pelotas, sintiendo cómo su culo carnoso se apretaba alrededor de mi verga. 'Más fuerte, Eddie, que me corro', me rogaba entre dientes, y yo le daba con todo, golpeando sus nalgas con cada embestida. En más de 50 minutos de escena, la hice gritar como una loca, alternando entre chuparme los dedos y morderme el hombro para no hacer ruido. Cuando su coño empezó a temblar, le di la vuelta y la empotré contra la pared, follándola como si no hubiera mañana. '¡Me corro, Eddie, me corro!', chilló, y yo le llené el vientre de leche caliente, sintiendo cómo su cuerpo se convulsionaba contra el mío. Justo entonces, escuchamos la llave en la puerta...