La latina de coño apretado me volvió loco con su boca y su culo
Desde que la vi entrar al bar con ese culo redondo y esas tetas pequeñas pero firmes, supe que tenía que probarla. No pasó ni media hora cuando me la llevé a un cuarto oscuro, donde sus gemidos empezaron a resonar contra las paredes. La puse de rodillas y le metí la polla hasta la garganta mientras ella me miraba con esos ojos de puta que solo saben pedir más. Después la empotré contra la pared, levantando una pierna para que mi verga le llegara más profundo, sintiendo cómo su coño apretado me apretaba como un guante. Cada embestida la hacía gritar más fuerte, hasta que le corrí en la boca y tragó todo sin perder la sonrisa. Pero no terminó ahí: la puse a cuatro patas y le di por detrás, agarrándole el pelo para que no escapara de mis embestidas brutales. Su culo rebotaba con cada golpe, y cuando me corrí en su espalda, su piel quedó marcada con mi leche caliente. La latina sabía cómo complacer, y yo no pude resistirme a repetir una y otra vez hasta que ambos quedamos exhaustos.